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Sabor de barrio

Una mañana de sábado, con este invierno que aún no terminar de llegar a Madrid, el barrio de Malasaña empieza a llenarse de vida bien temprano, cuando a penas acaba de irse a dormir. Se suben las primeras rejas de los bares, empiezan a colocarse las terrazas, a pintarse los menús en las pizarras y cristaleras, a llenarse la calle de color.   Pocas cosas me gustan más que aprovechar el tapeo, las cañas que se alargan hasta que te das cuenta de que  son las cuatro de la tarde y las cañas se te han ido de las manos con mucho gusto. Que nadie se olvide de eso de que “En España hay más bares que españoles”, así que no se me ocurre mejor plan, que una caña y un pincho, aunque sea rápido o se te acabe yendo de las manos, el aperitivo debería ser sagrado. Desde los bares de toda la vida donde el camarero viste camisa blanca almidonada y la barra podría contar más historias que tu bisabuela, a los locales que más modernos …

Feliz año

Muchos conocerán mi teoría de las edades/años impares, que básicamente se basa en una regla que me he inventado que dice que son mucho mejores que las pares. Pues 2014, para ser un año par tampoco ha estado tan mal. Ha sido el primer año de seis, que más veces he venido a Tenerife. Que no en cantidad pero sí en calidad. El año en que más veces me he cortado el flequillo por arrebato, y más veces he pensando en volver al pelirrojo. El año que empezó fatal y que se va a despedir por todo lo alto, por muchos motivos, pero principalmente por uno, barbudo con ligera tendencia a usar zapatos de ortopedia. El año en el que no me fui de festival pero vi a Lily Allen. El año en que descubrí que el Jager con cerveza está rico. Que más aprendí en mi trabajo, que tuve mis primeros encargos y vendí mi primera tarta. En el que vinieron un montón de amiguitos a vernos a Madrid. En el que me tatué …

Las bravas del Docamar

El otro día me topé con un artículo en Traveler sobre las Bravas de Madrid. Quién ha pasado por la capital habrá probado alguna vez las míticas bravas, bien porque las haya pedido o bien porque se las han servido acompañando una buena caña. Recuerdo que la primera vez que las probé, era bastante pequeña, en una visita veraniega a la capital y tampoco me conquistaron. Picaban y por aquel entonces la cerveza tampoco me gustaba. Yo, que soy muy amante de las cañas, del tapeo, las tortillas y el vermut, no tardé en hacerme amante de las bravas en cuanto me vine a vivir a Madrid. Un buen sábado, unos amigos me propusieron un plan para paliar la resaca. Irnos de bravas al Docamar (Alcalá, 337). No tenía ni idea de lo famosos que era este sitio, ya que no está en el centro de Madrid y quizás, si no frecuentas la zona de Ventas no lo conocerás. A mí en un principio me daba bastante pereza cruzarme la ciudad para tomar bravas, pero …