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Feliz año

Muchos conocerán mi teoría de las edades/años impares, que básicamente se basa en una regla que me he inventado que dice que son mucho mejores que las pares. Pues 2014, para ser un año par tampoco ha estado tan mal.

Ha sido el primer año de seis, que más veces he venido a Tenerife. Que no en cantidad pero sí en calidad. El año en que más veces me he cortado el flequillo por arrebato, y más veces he pensando en volver al pelirrojo. El año que empezó fatal y que se va a despedir por todo lo alto, por muchos motivos, pero principalmente por uno, barbudo con ligera tendencia a usar zapatos de ortopedia. El año en el que no me fui de festival pero vi a Lily Allen. El año en que descubrí que el Jager con cerveza está rico. Que más aprendí en mi trabajo, que tuve mis primeros encargos y vendí mi primera tarta. En el que vinieron un montón de amiguitos a vernos a Madrid. En el que me tatué dos veces y no hubo una tercera por causa y efecto de una escayola. Que me aficione a las pintas acompañadas de ganchitos, una gallega, una cordobesa y una del extraradio. En el que resolví cuentas pendientes desde hacía seis años. Porque las buenas historias nunca se acaban. En el que nos fuimos de viaje. Que me fui a vivir con dos maricones y un carlino. Que me desperté más veces con Darth Vader. Que quién tenía que volver a Madrid, volvió. Que canté en un karaoke y encima de un escenario por culpa de un cantante de los de verdad. Que me reencontré con un plátano que no veía desde un caluroso festival y nos hicimos amigas para siempre. Que empecé una dieta y perdí once kilos. El año en el que me di cuenta que nada es tan importante ni nadie tan imprescindible pero todos ayudan a contar tu historia. En el que más veces vino uno de tordesillas a Madrid. Y sufrimos con Cuéntame. El año en el que más veces me he bailado el what you know y me aprendí la coreografía entera del let’s have a kiki. El año en el que dos amigos se casaron, y lloré, y me emborraché, y aprendí que no hace falta quitarse las pestañas postizas para dormir. El año en el que un montón de personitas me ayudaron a levantarme cuando me caía. En el que más veces me han llamado maricón y en el que se reafirma la teoría de que realmente soy un chico con un (buen) par de tetas. El año en el que he pasado las horas más largas de mi vida en la sala de espera de un hospital. En el que no me olvidé de este proyecto y seguí adelante. En el que han algunos se han ido y otros han llegado, pero los que están, están para quedarse.

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Porque soy una maldita afortunada. Y como no puede ser de otra manera, me despido bailando.
¡Feliz año!

ThermoMIX VOL X – Decade

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